Tributo al hombre que no conoció las excusas: Mi Abuelo

Algunas personas tienen una larga vida.  Otras disfrutan de una vida plena. Muy pocas, sin embargo, logran gozar de ambas: una vida larga Y plena.  Mi abuelo es uno de esos pocos.

Antonio Castro nació en Puerto Rico hace un siglo, el 10 de abril del año durante el cual culminó la primera guerra mundial: 1918.  Su vida fue el fruto de amores prohibidos, por lo que nunca tuvo un padre presente que siquiera lo reconociera. Por si fuera poco, su madre murió cuando él apenas tenía 7 añitos, por lo que le tocó madurar de manera apresurada.  Mi abuelo fue acogido por su abuela por seis años más, hasta que también ella lo abandonó para acompañar a su madre en el Cielo.

A penas un adolescente, el huerfanito de 13 años se crió con su tío de 18.  Con Tio Rafa se iba a trabajar al campo del Barrio Celada en Gurabo, donde aprendió a laborar para ganarse la vida.

Abuelo Toño sólo llegó hasta el tercer grado, pero su sabiduría excedió la que cualquier nivel académico le hubiera podido enseñar.  Fue autodidacta mi abuelo. Su condición humilde no le permitió crear excusas, y la gracia de Dios lo iluminó para enseñarse a sí mismo lo que su padre y su madre no pudieron modelarle.

Abuelo no sabía dar ni recibir cariño.  Reaccionaba con incomodidad ante el toque físico y otras expresiones de afecto.  Nunca había sentido el abrazo de un padre y el apapacho de una madre. Se había criado de manera muy pragmática, por lo cual enfatizaba las responsabilidades y no hallaba lugar para las sensibilidades.  

Hasta que conoció a mi abuela.

Abuelo no tuvo dificultad para aprender a amar cuando se trató de su Gloria.  Compuso poemas del alma que declaraban su amor a la joven de 19 años. Algunos nos sacan carcajadas porque en ellos proclamaba su infatuación refiriéndose a abuela como la vaca que araba su tierra.  Otros, nos enternecen el corazón:

Qué buena es la vida

Si no se acabara

Para estar contigo

Mi dulce adorada

 

Esto es un idilio

Esto es un placer

Estar contigo siempre

Divina mujer

Noviecita linda

Yo a ti no te olvido

Porque en ti yo he puesto

Todo mi cariño

14.diciembre.1943 // Antonio Castro

 

Mi abuelo tuvo cuatro hijos con la mujer de sus sueños.  “Son todos buenos,” me dijo hace dos años cuando le interrogaba acerca de su vida.  De jóvenes, mis tíos alguna vez cuestionaron el amor de su padre, por la dificultad que tenía para expresar emociones.  “Papi no me quiere,” le decía mi papá a su mamá, pero Abuela supo explicarle -una y otra vez- la historia que justificaba la dificultad de mi abuelo para expresar el cariño de padre que él anhelaba.  Abuelo era estricto y disciplinario. No sabía dar un abrazo y comerse a besos a sus tesoros, pero sí supo darles amor de mil otras maneras.

Cuenta mi papá de unas Navidades en las que no había suficiente dinero para los regalos del día de Reyes.  Qué creen que hizo mi abuelo? Con sus propias manos fabricó carritos de latas de salchicha y talló juguetes de madera.  Si esto no es amor, qué será?

Y qué del billete de $5 que le daba a mi papá a menudo para que pudiera almorzar en la universidad?  Abuelo siempre apoyó a papi y mis tíos para que estudiaran y se convirtieran en hombres y mujeres de provecho.  No hubo un día que no fuera a trabajar para proveerles y permitir que mi abuela pudiera quedarse en la casa atendiéndolos.  

Abuelo también contribuyó a sembrar la semilla de la fé en sus hijos, valor que aprendió de su amada esposa.  Les modeló bondad, honestidad, fortaleza y generosidad. El sí les dio el ejemplo que él mismo no tuvo. Abuelo rompió el patrón de su familia de origen y creó uno nuevo para la suya propia.

Y eso lo logró, incluso en su habilidad de demostrar afecto.

Con un siglo de vida y 73 años de matrimonio, Abuelo terminó siendo el hombre más cariñoso que haya conocido jamás.  

Para mi abuelo no había excusas.

Nunca se le escuchó decir, “Yo soy así porque no tuve mamá ni papá” o “no logré hacer más con mi vida porque no pude estudiar;” y mucho menos, “No fui buen esposo y padre porque no tuve un ejemplo a seguir.”  

Abuelo fue el mejor esposo, aún durante sus años de demencia.  El Alzheimer no pudo penetrar el amor que le tenía a su amada, a quién llenaba de besos diariamente.  También fue un padre ejemplar, y esto lo sé por mi papá y mis tíos; No sólo porque así me lo han compartido, sino también porque en ellos he visto el fruto de lo que les modeló su viejo.

El legado de mi abuelo ha trascendido el tiempo y las generaciones.  En 100 años, ese viejo lindo ha tocado una infinidad de personas de manera especial.  Eso no me lo contaron; Lo vi yo misma en sus últimos días. Allí, en su sala de hospital, venían a acariciarlo decenas de personas a todas las horas del día.  Hacían cuentos, sonreían y le expresaban su amor.

Mi Abuelo Toño se fue con su bisnieta -La Fofi- el 18 de agosto de 2018.  Tomó su último respiro durante un rosario que dirigían unidos sus hijos, nietos y otros tantos que no pudieron resistir amarlo.

El huérfano del Barrio Celada tuvo una larga vida porque Dios así lo permitió.  Sin embargo, la plenitud con la que vivió, la trazó él mismo con amor y perseverancia.

No hay excusas.

 

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